Mascarillas con M de microcuentos y F de fragmentos. Esenciales para vivir a pesar de la pandemia.
sábado, 11 de abril de 2020
Informe de la hora trece: sube la tasa de amor entre mascarillas
Las mascarillas se enamoran y sueñan que aman.
Se fijan poco en marcas y colores.
Azules con grises. Blancas con verdes. Pequeñas con grandes.
Mayormente se trata de un amor democrático que pretende vivir sin fronteras, no admite diferencias entre el algodón y el tafetán y bendice la unión entre una mascarilla quirúrgica y una efepedós, incluso una efepetrés.
Por eso es puro y sano el amor de las mascarillas. Este amor lesbiano.
Por eso ellas coinciden y sueñan con juntarse.
En la escalera del edificio, junto al parque de los perros o esperando pasar por el torniquete de la estación. Se saludan y mantienen la distancia de seguridad.
Dos metros, un metro y medio, setenta y cinco centímetros.
Siempre hay un vigilante que avisa si se aproximan más.
Para que no les señale, ellas se despiden esbozando una sonrisa invisible.
Luego se buscan en Facebook y en Instagram para recordar el rostro que esconden, la vida que llevan dentro.
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